“México Las Voces del Silencio” – Mauricio Freyssinier ¿Por qué un gran número de personas cree que el Estado es el culpable?

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México Las Voces del Silencio
Por Mauricio Freyssinier

Millones de voces atronadoras resuenan en todos los rincones del planeta exigiendo ¡Justicia! Las marchas, manifestaciones y muestras de dolor en México y muchos otros países han dejado constancia de la atroz y cobarde acción del Estado mexicano en contra de un grupo de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.
Pero también existen las voces cómplices, aquellas que juran y perjuran que los estudiantes se lo merecían por protestar, por buscar mejores condiciones de vida, por querer salir del atraso ancestral, por querer enseñar, por buscar un México de igualdad y de oportunidad. Sí, también están esas voces que acusan a los estudiantes de ser los actores de una “rebelión” en un país donde “no pasa nada” –bueno, para unos cuantos no pasa nada- y todo “está bien”. Hay los que aparte de culpar a los estudiantes insisten en que el Estado no tuvo nada que ver con los hechos ocurridos en Iguala y Cocula.
¿Por qué un gran número de personas cree que el Estado es el culpable? Varios factores se podrían describir para sustentar esta teoría; el primero y más contundente es la omisión en la que cayó el Gobierno Federal, pues a sabiendas de que en Iguala el Alcalde -y aquí cabe aclarar que si bien fue postulado por el PRD de los “chuchos” el señor Abarca era de extracción priista y que aprovecho la coyuntura que se abría con el también miembro del PRI y postulado por el PRD Ángel Aguirre a la gubernatura del Estado- tenía algunas denuncias por sus vínculos con el narco y a sabiendas de esto la PGR no inició ninguna averiguación. También es necesario aclarar que en los tiroteos que se dieron en el periférico de Iguala el 27 batallón del Ejército Mexicano lejos de intervenir para evitar los sucesos, brindó apoyo de protección y cerco estratégico a los policías para que efectuaran la desaparición. Así mismo los retenes de la PF instalados en la carretera Iguala-Cocula permitieron sin interrogatorio alguno que los policías secuestraran a los normalistas. La participación del Estado es obvia hasta este momento.
Los días subsiguientes el propio Gobierno Federal guardo un silencio cómplice, se empezaron a inventar teorías como aquella de que los estudiantes eran miembros de la banda delictiva “Los Rojos” y que todo era un “ajuste de cuentas” entre criminales. Luego vinieron las incineraciones “caseras”, las teorías de los tres sicarios “súper poderosos” que sometieron a 43 jóvenes y más tarde los infiltrados en las marchas, las amenazas contra las protestas y las declaraciones absurdas del Presidente al decir “Ya supérenlo”.
El Estado mexicano sin duda alguna oculta algo, es inverosímil creer las declaraciones del señor Murillo Karam y su teoría de la incineración, ya por demás desmentida desde diversos aspectos; pero aún es más preocupante que después de más de 70 días los principales detenidos enfrenten un proceso judicial silencioso, en donde las autoridades no informan sobre las declaraciones ministeriales de Abarca y su esposa, de los policías detenidos; se limitaron a presentar los videos –por cierto muy mal realizados- de las declaraciones de los “chicos súper poderosos” que sometieron a los estudiantes y supuestamente los quemaron con ramitas de ocote, papelitos de paletas, llantas de bicicleta y tantita gasolina magna. Hasta este momento no se sabe que declararon los principales actores de ésta barbarie y como yo soy muy mal pensado, me imagino que no se dice nada porque las órdenes vinieron de mucho más arriba que de un “pinchurriento” Alcalde y a alguien se quiere proteger.
Estas voces del silencio no son más que otra muestra más de la complicidad del Estado mexicano en tan terrible caso, son la muestra palpable de que el Gobierno de Enrique Peña Nieto quiere que esto poco a poco se olvide, que los estragos del dolor se apaguen con el tiempo y que este silencio que lacera a todo un pueblo sea el principio del olvido. Cada vez que el Estado es cuestionado sobre su participación en los hechos este se evade y justifica su no participación con argumentos que abonan a la indignación y al coraje del pueblo. Pero pareciera que su cinismo y descaro no tiene límites, pareciera que no existe forma de ponerles un alto a su desvergüenza y a su falacia. Quieren que olvidemos, quieren silenciar nuestras voces como ellos han silenciado las suyas, pero están equivocados, están en un error, porque las voces de un pueblo no se callan con bayonetas, las voces de los de abajo no se pueden silenciar con un “ya me canse” o un “ya supérenlo”, estas voces indignadas seguirán gritando al mundo ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

 

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