Crisis política del 94, mera semejanza en 2014. Por Mauricio Freyssinier

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Crisis política del 94, mera semejanza en 2014
Por Mauricio Freyssinier

Si alguien en este país piensa que la crisis política derivada de los sucesos de Ayotzinapa provocará una rebelión o más allá una revolución que cambie las estructuras de poder y permita avanzar hacia un nuevo modelo económico en nuestra nación, deberá primero hacerse algunas reflexiones, deberá ser consciente de que estás crisis no son nuevas para el Estado, que ya en otras ocasiones las ha superado con creces y que si bien las condiciones objetivas para la lucha están dadas, se sigue careciendo de condiciones subjetivas que aceleren el cambio.
En el ya lejano 1994 el gobierno de México encabezado por Carlos Salinas de Gortari vivió una de las peores crisis políticas, tras los acuerdos y posterior firma del Tratado de Libre Comercio se desencadenaron varios hechos que provocaron una crisis política de grandes proporciones para el Estado. El asesinato de Luis Donaldo Colosio y posteriormente el de José Francisco Ruíz Massieu, la aparición pública del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, el otorgamiento del registro definitivo al Partido del Trabajo que en ese momento fungió como cuña para dividir a la izquierda y una incipiente crisis económica convulsionaron el país y las protestas, marchas, indignación no se hicieron esperar, está crisis dejó muy mal parado al entrante Ernesto Zedillo en cuyo mandato se dieron otros hechos como la masacre de Acteal, de Aguas Blancas y el Charco, que provocaron el derrumbamiento del hasta entonces único partido gobernante en México el PRI y el acceso en el 2000 del Partido Acción Nacional a la presidencia. Sin embargo la astucia de Carlos Salinas evitó que la crisis que vivía se convirtiera en un estallido social.
Hoy a 20 años de aquellos sucesos se vuelve a presentar una situación similar, un presidente llegado tras escándalos de fraude, la desaparición forzada de 43 normalistas, la ejecución de 15 personas en Tlatlaya, el escándalo de la “casa blanca”, el otorgamiento del registro a tres nuevos partidos, pero cabe señalar que uno de esos tres MORENA se asume de izquierda con la consiguiente división del voto, tal como en el 94 con el PT, la firma de las contra-reformas auspiciadas por el Pacto por México y no podía faltar la incipiente crisis económica marcada por la baja en los precios del petróleo y la poca expectativa de crecimiento económico de apenas el 2.1%.
Así como en el 94 estaba Salinas de Gortari en el poder, hoy de nueva cuenta sabemos que ese mismo grupo ostenta la silla presidencial, detrás de Peña Nieto está Atlacomulco y su “comandante supremo” es sin duda alguna Carlos Salinas de Gortari. Es un grupo poderoso y experimentado, todas estas similitudes nos deben invitar a la reflexión y a replantear el que hacer en estos momentos.
Para un servidor es claro que solicitar la renuncia de Peña Nieto antes o después del primero de diciembre NO CAMBIARA el rumbo de la nación, la renuncia solo obedece a un interés de furia, de rabia contenida, pero que políticamente no sirve de nada para cambiar las estructuras de poder del país. Pedir que renuncie es solo prolongar la agonía, si algunos piensan que con ello y aprovechando la indignación popular podrán lograr lo que en dos o tres elecciones no han logrado me parece un error.
Hoy es momento de llamar a la unidad nacional, estructurar un Plan Nacional de Lucha que coordine las diversas acciones y que proponga de manera eficaz una salida viable a todos los problemas que nos aquejan; un plan que de manera estratégica vaya estructurando autonomías, ejerciendo poder popular y organizando autodefensas; un plan que aglutine a todos los sectores sociales del país; un plan que involucre a los principales sindicatos con miras a un gran paro nacional real y efectivo; en pocas palabras un plan que tenga una táctica y una estrategia común de todos los mexicanos.
Si algo, de lo muy poco que le reconozco a Venustiano Carranza, fue que tuvo la visión y capacidad, en medio de una grave crisis dentro de la Revolución Mexicana, de convocar a un nuevo Congreso Constituyente, para de ahí reconstruir las estructuras de todo el sistema. Un sistema anquilosado y vendido a las potencias extranjeras heredado del porfiriato. Hoy pedir la renuncia del presidente me parece es caer en más de lo mismo, creo que es el momento de un Nuevo Congreso Constituyente que se forje del pueblo y para el pueblo y que deje fuera a toda la clase política y sus partidos de su conformación, solo así bajo esta premisa se logrará una transición pacífica, solo así se resolverán los problemas. Hoy es tiempo de reflexión, es momento de dejar de lado la visera y utilizar el cerebro en bien de la nación. Cualquier semejanza con la realidad es mera casualidad. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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